Manejo agrícola de la vinaza en Tucumán
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Durante muchos años, la vinaza representó un problema serio para Tucumán. Generó conflictos ambientales a nivel provincial e interprovincial, y quienes trabajamos en el sector conocemos bien sus impactos. El punto de inflexión fue la prohibición del vuelco a los cursos de agua, medida que llegó tras episodios visibles de deterioro ambiental, incluida la elevada mortandad de flora y fauna acuática en el dique El Frontal. Entre una zafra y la siguiente había que resolver un desafío enorme: encontrar un destino inmediato y seguro para ese volumen tan alto de efluente.
Ese destino fueron los suelos de la provincia. Se elaboraron alternativas para aplicar la vinaza tanto en suelos productivos como en suelos de menor capacidad, y desde la zafra 2012 la Estación Experimental viene generando información confiable sobre su uso y sus efectos sobre los indicadores de calidad del suelo. Ese trabajo se sostiene en dos líneas paralelas: investigación propia y acompañamiento técnico a los monitoreos que exige la autoridad ambiental, primero la Secretaría de Medio Ambiente y hoy la Subsecretaría.
Cuando hablamos de “disposición final”, analizamos cómo se incorpora la vinaza al suelo, qué aporta y qué modifica. El protocolo inicial se centraba en su aporte nutricional —materia orgánica, potasio y nitrógeno—, pero los estudios propios y los monitoreos provinciales pusieron el foco en un punto clave: medir efectos sobre la calidad del suelo para asegurar que su funcionalidad no se vea comprometida. Si se detecta alguna señal de deterioro, el objetivo es corregirla en el corto plazo. En el manejo sustentable de la vinaza no hay margen para retrocesos: la calidad del suelo debe mantenerse o mejorar.
Por eso, además de los indicadores químicos clásicos, incorporamos evaluaciones físicas y microbiológicas. Durante años circuló la idea de que la vinaza afectaba negativamente la microbiología del suelo; hoy podemos demostrar, con estudios de campo y laboratorio, que sucede lo contrario: los indicadores microbiológicos mejoran. Hay mayor actividad enzimática y mejor comportamiento microbiano, asociados a aumentos en carbono orgánico y mejor disponibilidad de nutrientes.
Para diseñar un plan de gestión adecuado también miramos experiencias de países con larga trayectoria, principalmente Brasil, y también Colombia y Costa Rica. Aun con suelos distintos, encontramos resultados coincidentes con lo que ellos vienen documentando desde hace más de 30 años: aportes nutricionales claros, especialmente de potasio, un nutriente esencial para la caña de azúcar. Esa coincidencia nos confirmó que íbamos en la dirección correcta.
Uno de los mensajes centrales que sostenemos hoy es que la superficie apta para el uso agrícola de vinaza en Tucumán es mayor que la superficie realmente utilizada. La principal limitante no es agronómica sino logística: el traslado del efluente y el volumen total generado. Por eso insistimos en que un plan de gestión sólido exige un sistema de aplicación capaz de garantizar una distribución homogénea. Equipos como aspersores, cañones regadores, autoenrollables y estercoleras para líquidos permiten aplicar la vinaza de manera uniforme en todo el lote y evitar acumulaciones en sectores bajos, que pueden generar efectos indeseados. A ello se suma la necesidad de trabajar siempre con volúmenes controlados.
Los años de trabajo nos permiten afirmar, con datos propios, que dosis entre 150 y 200 m³/ha/año en suelos cañeros no generan efectos negativos en la funcionalidad física, química ni microbiológica del suelo. Esta recomendación es sólida y está respaldada por nuestros resultados.
El acompañamiento técnico a la agroindustria sucroalcoholera forma parte esencial del proceso. Desde 2012 relevamos suelos regados con vinaza tanto a campo como en laboratorio. Más del 60% de las destilerías participan en estos monitoreos. Nuestro rol es brindar información clara, señalar los efectos beneficiosos, emitir informes técnicos periódicos y advertir a tiempo cualquier indicio de riesgo para la funcionalidad del suelo, de modo que pueda corregirse sin demora. La misión es asegurar que la calidad del suelo se mantenga o mejore.
Encontramos un modo de gestión sustentable, lo pusimos en práctica y hoy contamos con un año completo de resultados locales que confirman que el camino es el correcto. Esta primera parte del trabajo explica justamente cómo llegamos hasta este punto y por qué este proyecto tiene sentido para Tucumán.
Estudios realizados en Tucumán y resultados actuales
Desde 2012, la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres desarrolla monitoreos y ensayos sistemáticos para evaluar el uso agrícola de la vinaza en condiciones locales. Este trabajo permitió construir una base de datos provincial sostenida en mediciones a campo y análisis de laboratorio, con foco en distintos ambientes representativos de Tucumán.
El primer paso fue la caracterización de la vinaza producida localmente. Los análisis químicos mostraron valores relativamente estables entre zafras: un pH cercano a 5,1; conductividad eléctrica entre 25 y 28 dS/m; un contenido de materia orgánica del orden del 65%; concentraciones de potasio cercanas a 2 g/L y niveles de nitrógeno entre 1 y 1,5 g/L. Estos valores confirmaron su potencial como fuente de nutrientes y enmienda orgánica, y definieron las variables críticas a monitorear en el suelo.
Los estudios se desarrollaron en suelos del pedemonte, de la llanura chaco-pampeana y de la llanura deprimida salina, con el objetivo de analizar respuestas diferenciales y evitar extrapolaciones generales. El enfoque adoptado fue integral, evaluando indicadores químicos, físicos y biológicos para interpretar el comportamiento del sistema suelo frente a la aplicación de vinaza.
Entre los indicadores químicos se midieron pH, conductividad eléctrica, potasio intercambiable y carbono orgánico. En el plano físico se evaluaron textura, densidad aparente, infiltración y estabilidad de agregados. A estos se sumaron indicadores biológicos, como la respiración microbiana y la actividad enzimática total mediante el método FDA, incorporando una dimensión funcional al monitoreo.
Los resultados permitieron ordenar discusiones que durante años se sostuvieron sin datos locales. En suelos con reacción ácida, la aplicación de vinaza produjo un aumento del pH. En uno de los casos evaluados, el pH pasó de valores cercanos a 6,0 en el testigo a 6,9 con una dosis de 300 m³/ha/año, acercando el suelo a rangos más favorables para el cultivo de caña de azúcar.
La conductividad eléctrica mostró un incremento progresivo asociado a la dosis aplicada. En aplicaciones del orden de 300 m³/ha/año, los valores aumentaron de aproximadamente 1,0 a 1,5 dS/m. Estos resultados permitieron definir umbrales de atención y reforzar la importancia de trabajar con volúmenes controlados y una distribución homogénea, especialmente en ambientes más sensibles.
El potasio presentó incrementos claros y consistentes. Los valores pasaron de aproximadamente 2,2 Cmolc/kg en el testigo a rangos de 3,5 a 3,8 Cmolc/kg, con variaciones según la profundidad del muestreo, confirmando el rol de la vinaza como fuente efectiva de este nutriente clave para la caña de azúcar.
La materia orgánica mostró aumentos pequeños pero sostenidos en el tiempo. Si bien no siempre resultaron estadísticamente significativos, se asociaron con mejoras en los indicadores biológicos. En este sentido, la actividad enzimática total medida por FDA se consolidó como uno de los indicadores más sensibles, con aumentos claros de la actividad microbiana, especialmente en los primeros cinco centímetros del suelo.
La incorporación de indicadores biológicos permitió avanzar hacia una evaluación más completa del sistema. Los resultados muestran que, bajo un manejo adecuado, el suelo mantiene su funcionalidad y mejora su actividad biológica como respuesta al aporte de carbono y nutrientes.
Nuevas líneas de investigación en la EEAOC
Una vez consolidado el manejo agronómico de la vinaza y definidos los rangos de aplicación seguros para los principales ambientes de Tucumán, el foco de la investigación comenzó a desplazarse. El problema inicial —qué hacer con un efluente de gran volumen sin comprometer el ambiente— dio paso a nuevas preguntas, más finas y estratégicas, orientadas a optimizar el sistema, anticipar riesgos y profundizar el conocimiento de los procesos involucrados.
- El aporte de nitrógeno y su dinámica en el suelo
Una de las líneas que se fortaleció fue el estudio del nitrógeno aportado por la vinaza. Con concentraciones del orden de 1 a 1,5 g/L, el interés ya no estuvo puesto solo en el valor absoluto del nutriente, sino en su comportamiento en el sistema suelo: los procesos de mineralización, los tiempos de liberación y su incorporación a las fracciones orgánicas. Comprender esta dinámica resulta clave para evaluar posibles sinergias con la fertilización convencional y para evitar interpretaciones simplificadas del aporte nutricional.
- Potasio, sales y límites operativos
En paralelo, el comportamiento del potasio y de las sales pasó a analizarse con mayor profundidad. A partir de los resultados acumulados, se avanzó en la construcción de modelos de acumulación que permiten definir límites operativos según ambiente. Estos modelos integran variables como textura del suelo, conductividad eléctrica inicial y régimen de precipitaciones, y permiten ajustar recomendaciones en función de escenarios concretos. El objetivo es claro: aprovechar el aporte nutricional sin comprometer la estabilidad química del suelo en el mediano y largo plazo.
- Indicadores biológicos como herramienta de monitoreo
La incorporación de indicadores biológicos, en particular la actividad enzimática total medida por FDA, abrió una nueva etapa en el monitoreo de suelos regados con vinaza. Esta línea de trabajo permitió explorar la relación entre actividad microbiana y parámetros químicos, y sumar una dimensión funcional que hasta hace pocos años no formaba parte de los esquemas de evaluación. La microbiología del suelo dejó de ser una variable indirecta para convertirse en un indicador sensible del estado del sistema.
- Compostaje y combinaciones de subproductos
Otra línea de investigación se orientó a la combinación de subproductos agroindustriales. Los ensayos que integran cachaza, cenizas y vinaza mostraron mejoras en parámetros como pH, materia orgánica y fósforo disponible, junto con incrementos en el rendimiento de los cultivos. Además, estas combinaciones permitieron reducir la salinidad respecto de aplicaciones directas de vinaza, lo que abre una alternativa interesante para diversificar estrategias de manejo y valorizar residuos de manera integrada.
- Uso de vinaza en suelos de baja capacidad productiva
El trabajo en suelos de baja capacidad productiva incorporó un enfoque específico. Aplicaciones frecuentes de menores volúmenes, del orden de 100 m³/ha, realizadas mediante sistemas de aspersión, favorecen la evaporación del agua constitutiva de la vinaza y la retención superficial de nutrientes. La integración con labores mecánicas, como el uso de rastra, permite acelerar los procesos de mineralización y mejorar la eficiencia del sistema en ambientes donde las opciones productivas son más limitadas.
- Ensayos de largo plazo y construcción de mapas de riesgo
Finalmente, el proyecto avanzó hacia una escala temporal más amplia. Se están generando series de ensayos de cinco años o más, junto con mapas de conductividad eléctrica y potasio por ambiente. Esta información permite identificar zonas con distinto nivel de riesgo y formular recomendaciones específicas según región, reforzando el concepto de manejo diferencial y anticipación de problemas antes de que se expresen en el sistema productivo.
Estas nuevas líneas de investigación consolidan una etapa superadora del proyecto. El foco ya no está solo en resolver un problema ambiental, sino en construir conocimiento aplicado que permita tomar mejores decisiones, ajustar prácticas y sostener en el tiempo un manejo responsable de la vinaza, adaptado a la diversidad de suelos y condiciones de Tucumán.
Ficha técnica descargable






