Revista Avance
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Combustibles sostenibles de aviación (SAF):

Una demanda global que redefine el rol del agro

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El desarrollo de combustibles sostenibles de aviación (SAF) comienza a proyectar nuevas demandas sobre el sistema agrícola. En este contexto, el ingeniero agrónomo Sergio Casen aborda el papel que podría desempeñar el cultivo de carinata como materia prima para esta cadena energética emergente y las condiciones productivas e industriales que acompañan su desarrollo en la Argentina.

La aviación internacional asumió compromisos formales para alcanzar la neutralidad de carbono en 2050. Para 2030, el sector debería incorporar alrededor de 14 millones de toneladas anuales de combustibles sostenibles de aviación (SAF).

Según estimaciones oficiales de la International Air Transport Association (IATA), la producción global en 2025 alcanzaría aproximadamente 1,9 millones de toneladas, lo que representa menos del 1 % del combustible total utilizado por la aviación. La distancia entre metas y oferta sigue siendo estructural.

A diferencia de otros medios de transporte, la electrificación masiva no es viable en el corto plazo, por lo que el SAF se consolidó como la principal herramienta disponible para descarbonizar el sector sin modificar la infraestructura existente.

Las rutas tecnológicas están operativas por lo que el límite no es técnico: es la disponibilidad de materias primas sostenibles en volumen suficiente y bajo certificación ambiental verificable. Esa restricción desplaza la presión hacia el sistema agrícola, que pasa a ocupar el eslabón crítico de una cadena energética en expansión.

Materias primas y el verdadero límite de expansión

Los combustibles sostenibles de aviación pueden producirse a partir de distintas rutas tecnológicas —entre ellas HEFA (Hydroprocessed Esters and Fatty Acids), ATJ (Alcohol to Jet) y procesos Fischer-Tropsch—. En la etapa actual, la producción mundial se concentra mayoritariamente en la ruta HEFA, que representa cerca del 80 % del volumen global y se basa en aceites y grasas.

Esa predominancia expone el principal condicionante del sistema: la disponibilidad de aceites vegetales sostenibles en volumen suficiente y con certificación ambiental verificable. A medida que se amplían las metas de incorporación de SAF,  se genera una mayor demanda  de abastecimiento en el sector agrícola.

El desafío actual está planteado por la insuficiente oferta de materias primas capaces de escalar sin generar tensiones con los mercados alimentarios ni inducir cambios en el uso del suelo que comprometan los estándares ambientales.

En este escenario, la expansión del SAF dependerá de cultivos no alimentarios que puedan integrarse a los sistemas productivos existentes sin desplazar cultivos principales y con trazabilidad verificable a lo largo de toda la cadena. Entre las alternativas evaluadas a nivel internacional aparece la carinata (Brassica carinata).

La aviación y el desafío climático
– La aviación representa aproximadamente el 2,5 % de las emisiones globales de CO2.
– Sin embargo, al considerar otros efectos atmosféricos asociados al vuelo —como estelas de condensación, vapor de agua y aerosoles— su contribución al calentamiento global se estima cercana al 4 %.
– Entre 1990 y 2019 la demanda de transporte aéreo se cuadruplicó, impulsada por el crecimiento del comercio y de los viajes internacionales.
– En el mismo período, los aviones mejoraron más del doble su eficiencia energética, reduciendo las emisiones por pasajero-kilómetro.
– A pesar de esos avances, el sector continúa dependiendo casi exclusivamente de combustibles fósiles, lo que explica la presión global por desarrollar combustibles sostenibles de aviación (SAF).
Carinata en la cadena SAF: de alternativa agronómica a insumo energético estratégico

El cultivo de carinata no es nuevo en la agenda técnica argentina ni en los ensayos de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC). En el NOA fue evaluada como alternativa de diversificación dentro de sistemas agrícolas consolidados. El escenario cambia cuando el destino del aceite es la industria de combustibles sostenibles de aviación.

En la cadena SAF, el cultivo deja de analizarse sólo por su rendimiento a campo y pasa a integrarse en un esquema energético que exige volumen sostenido, estabilidad en calidad y cumplimiento de estándares internacionales de certificación ambiental. La compatibilidad con la ruta HEFA —hoy dominante— requiere parámetros homogéneos de aceite y previsibilidad en el suministro.

El Análisis de Ciclo de Vida (LCA) se vuelve determinante. El manejo de fertilización nitrogenada, las emisiones de N2O y la conservación del carbono en el suelo inciden directamente en la elegibilidad del grano dentro de esquemas como CORSIA y otras certificaciones reconocidas. La reducción verificable de gases de efecto invernadero deja de ser un atributo deseable y se convierte en condición operativa.

Su carácter de cultivo no alimentario adquiere un valor estratégico. Al no competir con mercados de alimentos y poder integrarse como cultivo invernal o de rotación, permite ampliar la oferta de aceite sin desplazar cultivos principales ni inducir cambios directos o indirectos en el uso del suelo.

En este marco, la discusión sobre carinata y SAF deja de ser una alternativa agronómica más y pasa a plantear la integración del agro regional en una cadena energética global con métricas ambientales estrictas y compromisos de largo plazo.

Escala, reglas e incentivos: el punto crítico

Más allá del potencial agronómico, la integración efectiva de la carinata a la cadena de combustibles sostenibles de aviación depende de condiciones estructurales que exceden al cultivo.

En primer lugar, la producción debe cumplir con esquemas de certificación ambiental reconocidos internacionalmente. La reducción verificable de emisiones mediante Análisis de Ciclo de Vida (LCA) y la trazabilidad completa desde el campo hasta el procesamiento no son atributos opcionales, sino requisitos de acceso a la cadena SAF.

En segundo término, la industria requiere escala y continuidad. El abastecimiento debe ser regular, con calidad homogénea y contratos que otorguen previsibilidad interanual. A diferencia de los mercados tradicionales de granos, aquí la estabilidad no proviene de referencias abiertas de precio, sino de acuerdos vinculados a una cadena energética regulada.

La competitividad del cultivo dependerá, además, de un entorno institucional estable y de mecanismos que reconozcan el valor ambiental incorporado en su producción. Sin reglas claras e incentivos alineados, el diferencial frente a alternativas invernales consolidadas se reduce.

Para el productor con capacidad financiera y visión de largo plazo, la decisión no implica sumar un cultivo más, sino evaluar su inserción en una cadena energética emergente donde la coordinación industrial, la previsibilidad regulatoria y la escala son tan determinantes como el rendimiento a campo.

La decisión estratégica que enfrenta el país

El mercado de combustibles sostenibles de aviación avanza con metas obligatorias y demanda creciente de materias primas certificadas. La brecha entre compromisos asumidos y capacidad real de producción no es coyuntural: configura una ventana estratégica para los países capaces de articular producción agrícola, infraestructura industrial y marcos regulatorios estables.

Para Argentina, la discusión sobre carinata orientada a SAF no se limita a incorporar un cultivo alternativo, sino a definir su posicionamiento dentro de una cadena energética global en expansión. La posibilidad de transformar biomasa en insumo estratégico, capturar valor agregado y reducir dependencia tecnológica no depende únicamente del potencial agronómico, sino de decisiones de política industrial y coordinación público-privada.

Valor agregado y articulación industrial

Ing. Agr. Sebastián Bravo. Gerente de negocios de Carinata Nufarm Argentina

Argentina cuenta con una gran oportunidad estratégica, dado que posee la capacidad de iniciar el procesamiento del grano a nivel local, agregando valor en origen. Esto permitiría destinar las harinas de alto contenido proteico a la alimentación ganadera regional, al tiempo que se exportaría el aceite o el SAF hacia los países europeos que presentan una creciente demanda de estos biocombustibles.

En ese contexto, el desafío ya no es demostrar que el cultivo funciona, sino construir con eficiencia las distintas etapas del proceso, articulando a productores agropecuarios, industria aceitera y sectores energéticos para competir en un mercado que comienza a redefinir la relación entre agricultura y energía.

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